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GRANDES DE JAPÓN

HAGIO MOTO


Nació en 1949 en Ōmuta (prefectura de Fukuoka) y debutó como mangaka a los 20 años con su obra "Lulu to Mimi" (en la revista Nakayoshi). Aunque sus padres nunca apoyaron su profesión y llegaron a presionarla para que abandonase la carrera, ella nunca se vio abatida y logró mantener su pasíon por la profesión que tanto le gustaba.



A lo largo de los años ya ha creado toda una lista de obras maestras en donde destacan "Poe no Ichizoku", "Thomas no Shinzō", "Hōmonsha", "11-nin Iru!", "Star Red", "A-A’" y "Marginal" entre otras. Pero con la publicación de "Iguana no Musume" marcó un antes y un después en su carrera, ya que con esta obra trasladó sus historias al Japón contemporáneo, lo que le permitió seguir elaborando otras historias sin sentirse incómoda, aunque continúa su preferencia en la cultura y personajes occidentales, una de las razones por la que es considerada una de las grandes innovadoras en las historias del tipo shōnen-ai.
Sus mangas sorprendieron, fascinaron e inspiraron a miles de chicas (e incluso a varios chicos) desatando un boom del manga shōjo en la década de los 70s, además de abrir las puertas a las mujeres dibujantes de la época.
El año 2012 el gobierno japonés la recononce y condecora con la "Medalla de Cinta Púrpura" reconociendo sus logros artísticos a lo largo de su carrera y el 2016 recibió el prestigioso "Premio Asahi" (otorgado por el periódico Asahi Shimbun) por su innovador enfoque a la hora de dibujar manga para chicas.
Hagio Moto forma parte de la famosa "Generación del 24", en donde es acompañada por artístas como Yasuko Aoike (Eroica yori Ai wo Komete), Riyoko Ikeda (Versailles no Bara), Toshie Kihara (Mari to Shingo), Minori Kimura (Okurimono), Yumiko Ōshima (Wata no Kuni Hoshi), Nanae Sasaya (Kōritsuitame), Keiko Takemiya (Terra e…), Mineko Yamada (Sōgen no Ōkami), Ryoko Yamagishi (Arabesque). La Generación del 24 contribuyó de manera significativa al desarrollo de los subgéneros en el manga de demografía shōjo y marcó la primera entrada importante de artistas femeninas en la industria. Desde entonces, el shōjo sería dibujado principalmente por mujeres y para mujeres. También contribuyeron a una evolución del estilo, creando nuevas convenciones en la distribución de los paneles y alejándose de la tradicional disposición de viñetas rectangulares de la época. De este modo, empezaron a usar formas y configuraciones distintas para enfatizar la acción y también a difuminar o eliminar totalmente los bordes de las viñetas.