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GRANDES DE JAPÓN

SHŌTARŌ ISHINOMORI




Prácticamente todos los lectores de manga saben quien es el "Dios del Manga", ese japonés que revolucionó los comics japoneses y los modernizó. De hecho, su nombre lo conocen incluso aquellos que se acercan al manga muy de vez en cuando. Se podría decir que, para público e industria, es el "autor de manga clásico por excelencia". Casi todas las editoriales que se dedican al cómic japonés han reeditado alguna de sus obras, si, hablamos de Osamu Tezuka, y aunque poco a poco se ha ido descubriendo a Shigeru Mizuki y algo más tímidamente a Yoshihiro Tatsumi, ¿no hay otros mangakas que puedan compararse en cuanto a repercusión histórica, y que hayan tenido un impacto similar en el público japonés?. Aunque pese a ser politeístas, para los japoneses existe un solo Dios del Manga, pero, los japoneses también son monárquicos y por esa razón tienen un solo "Rey del manga", cargo que recae en Shōtarō Ishinomori, un autor que tiene el Récord Guinness con una obra que ocupa 500 tomos, 770 historias diferentes y un total de 128.000 páginas publicadas, siendo el autor más prolífico de la historia. Y sus méritos no quedan solo ahí, porque con sus creaciones consiguió revolucionar el entretenimiento televisivo infantil en los años 70. Ishinomori es el creador de las franquicias de Kamen Rider y Super Sentai (llegada al occidente como Mighty Morphin’ Power Rangers).

Shōtarō Ishinomori, cuyo nombre real es Shōtarō Onodera, nació el 25 de enero de 1938 en Tome (prefectura de Miyagi). En la escuela editaría un fanzine llamado "Bokujû Itteki" (Una gota de tinta). A finales de 1954, con 16 años y ya como autor, publicaba "Nikei Tenshi" en la revista "Manga Shônen". Su talento llamó la atención de Osamu Tezuka (su gran referente), quien acabó contratándolo como ayudante para "Astro Boy". En dicho primer trabajo, apareció su apellido escrito como 石森, unos caracteres que podían leerse Ishinomori o Ishimori. Muy a su pesar, y durante más de 30 años, la gente le llamó Ishimori en lugar de Ishinomori (como había sido su intención). Harto de ello, acabó añadiendo el carácter ノ (no), para que no hubiese más equívocos.

Aquellos familiarizados con la historia del manga, quizás les suene que durante muchos años, el maestro Tezuka se mudó a los apartamentos Tokiwa-sô de Tokyo, para estar más cerca de las editoriales. Hasta allí le siguieron un montón de dibujantes más que luego se convirtieron también en grandes nombres, como el dúo Fujiko-Fujio (los creadores de Doraemon), Hideko Mizuno, Hirô Terada, Fujio Akatsuka, y por supuesto, Shôtarô Ishinomori. Eran unos apartamentos muy pequeños, cada habitación era de cuatro tatamis (unos 7 metros cuadrados), y allí era donde trabajaban y dormían. Pero parece que el ambiente les funcionó, y aunque los inicios fueron complicados, el hecho de reunir a tanto mangaka bajo unos pocos metros les ayudó, de alguna manera, en convertirse en figuras clave de la historia del manga.



Ishinomori, como muchos autores de manga de su época, empezó haciendo shôjo (no en vano, Tezuka fue de los primeros en revitalizar el manga para chicas); ya en su primer título publicado se puede ver esa estética algo más femenina (ojos grandes y brillantes, etc.). Entre esas primeras obras de Ishinomori se encuentran adaptaciones de relatos de autores como Arthur Conan Doyle (una historia de Sherlock Holmes titulada The Speckled Band) o Edgar Allan Poe (concretamente Black Cat), ambas publicadas en 1956 en la revista Shôjo Club (donde también publicaba Hideko Mizuno, la chica de los Tokiwa-sô). A lo largo de su carrera hizo muchas más adaptaciones, como por ejemplo un manga de Rebelión en la granja de George Orwell (publicado en 1970 en la Shônen Magazine), también adaptó la película de monstruos Matango (más conocida como El Ataque de los Hombres Champiñón, 1963), aunque quizás su adaptación más famosa es la que hizo para la revista Nintendo Power "The Legend of Zelda: A link to the past" (1992). Teniendo en cuenta que es el autor más prolífico de la historia, no es de extrañar que parte de su obra fuesen encargos de este tipo, y como veremos más adelante, uno de sus personajes más famosos nació precisamente de esta forma.
Pero la primera gran obra del Rey del Manga fue enteramente cosa suya. En 1964, en la revista Shônen King, aparecía "Cyborg 009". Era una obra que mezclaba la ciencia ficción con un estilo muy James Bond, y a la vez, era el primer manga en mostrar un grupo de superhéroes trabajando juntos (algunos aseguran que fue creado en 1963, el mismo año de los debuts de Los Vengadores y los X-Men en Estados Unidos). Gracias a Cyborg 009, Ishinomori pudo ver como una de sus creaciones se adaptaba finalmente al anime, empezando una relación con el medio televisivo que sería muy provechosa para el mangaka y para las cadenas de TV. El mangaka ya había intentado dar el salto a la animación a finales de los 50, pero su editor le insistía en que se centrase en el manga, medio que ya dominaba y para el cual tenía ya un número considerable de encargos. Pero Ishinomori ya estaba plantando las semillas para su desembarco televisivo.
En 1964, en la popular revista shôjo Margaret, empezó a publicar "Okashina Okashina ano ko", un manga que tomaba como protagonista una adorable niña pequeña con un gran secreto: aparte de ser descendiente de ninjas y gozar de grandes habilidades marciales, puede hablar con los animales y es telépata. El manga sería adaptado al anime en 1971, y a partir de entonces cambiaría su nombre a "Sarutobi Ecchan", que es como se conoce hoy en día.
Mientras Cyborg 009 empezaba a emitirse en televisión, Ishinomori iba a publicar otra de las obras por las que es conocido, "Sabu to Ichi torimono hikae" (Shônen Sunday, 1966). En este caso, se trataba de la historia de dos detectives de la época Edô (uno siendo el oficial de policía y el otro el ayudante), con la particularidad de que uno de ellos es ciego. Con esta obra, Ishinomori empezó a apuntar a un público mayor, y de hecho lo consiguió, ya que el título acabó pasando de la Shônen Sunday hasta la Big Comic, destinada a los adultos. Dos años después de comenzar a publicarse, Sabu to Ichi se ganó también su versión animada, demostrando que Ishinomori era una apuesta más que segura.



CURIOSIDAD: Fue en los años 60 cuando Ishinomori se ganó el apodo de Rey del Manga, al parecer, se publicó un artículo sobre Ishinomori en el que se le colgaba la etiqueta de Rey del Manga. Esto llegó a oídos de Tezuka, cuya reputación de hombre orgulloso era bien conocida. Pocos días después, en una fiesta, Tezuka se acercó a Ishinomori para preguntarle sobre el artículo. Ya que alguien le había coronado Rey, Tezuka quería saber en qué posición quedaba él. Ishinomori estaba en un aprieto ante la persona que había sido su maestro y jefe durante años, así que se le ocurrió decirle que si él era el Rey, Tezuka no podía ser otra cosa que el Dios del Manga; la divinidad mangaka quedó muy satisfecha con su nuevo título (y ahí quedó para la posteridad).

En 1970, el mangaka creó otra de las obras más conocidas, y que además fue una de las bases para la creación de Kamen Rider. Se trata de "Skull Man", un manga donde el auténtico protagonista no era el héroe, ya que se enmarcaba dentro de una serie de entregas de la revista Shônen Magazine sobre villanos, en las que también participó Gô Nagai (creador de Mazinger Z). El protagonista se inspiraba hasta cierto punto en la obra de Edogawa Rampo (probablemente el escritor de literatura de terror más famoso de Japón), pero como aseguran algunos, Ishinomori quiso llevar al extremo el concepto "shijinrui", que definía a aquellos nacidos a partir de 1961, ciudadanos de un Japón que ya ha superado la posguerra y vive en la abundancia. Estos nuevos japoneses tendrían otros valores e incluso otro lenguaje, en definitiva, muchos los veían como otra especie. La traducción literal del concepto podría ser algo así como "la nueva casta" o "la nueva raza", y más o menos es la idea a la que consagró buena parte de su obra en los años venideros: "los cyborgs".
La que hoy en día es una de sus obras más conocidas, fue un encargo televisivo, y según dicen algunos, ni siquiera la idea era suya totalmente. Yoshinori Watanabe, vicepresidente de Toei (la productora que hizo el encargo), asegura que la inspiración para la creación de Kamen Rider surgió después de ver el lomo de La metamorfosis de Kafka, que en japonés se traduce como "Henshin", grito de guerra que le sirve al protagonista para transformarse en el motorista enmascarado. Además, Watanabe también explica que fue él quien sugirió los icónicos movimientos que preceden a la transformación, y que tanto se recrearon después en las series Super Sentai. Asegura que su inspiración proviene del teatro kabuki, y más concretamente de un baile que hace el actor, al entrar en escena, llamado roppô. El baile junto al grito de "¡henshin!" fue un auténtico hit que los niños japoneses empezaron a repetir en sus juegos.
En cualquier caso, Ishinomori fue el encargado de darle vida al personaje, y aunque el manga apareció algo antes (y es por ello que algunos creen que fue lo primero en crearse), la verdad es que la serie de televisión ya llevaba meses de preparación. Kamen Rider se estrenó en Asahi TV el 3 de Abril de 1971 y fue un éxito absoluto, convirtiéndose en uno de los personajes televisivos más reconocible por esos nuevos japoneses (mencionados anteriormente), y todos los que vinieron después. El éxito de la serie duró un par de décadas, y siempre apareció, incluso a día de hoy, el nombre de Shôtarô Ishinomori como principal creador. Pero su relación con el medio televisivo apenas empezaba. Tras el éxito de Kamen Rider, Toei empezó a encargarle a Ishinomori la creación de más personajes.

Sin apenas tiempo para digerir el éxito del motorista enmascarado, Ishinomori y Toei se sacaron de la manga otro bombazo. "Jinzô Ningen Kikaidâ", también conocido como "Kikaider", pero en esta ocasión se inspiró claramente en la historia de Pinocho, y versaba sobre la posibilidad de que un androide pueda sentir emociones. No son pocos los que consideran que Kikaider es una obra mucho más elaborada y profunda que su predecesora, y de hecho, a pesar de no haber tenido mucha continuidad en televisión, es uno de los personajes de "culto" del gran plantel que acabó creando el Rey del Manga (a mediados de los 90 apareció una película protagonizada por su archienemigo, Mechanical Violator Hakaider).
El siguiente bombazo televisivo recuperó la fórmula del grupo de superhéroes que él mismo había ideado con Cyborg 009, pero en este caso lo limitaría a cinco miembros, y crearía una de las franquicias que más impacto ha tenido en Occidente, a pesar de que la mayoría de sus fans y espectadores lo desconozcan. En 1975 los niños japoneses se sorprendieron con una serie y un manga titulados "Himitsu Sentai Gorenjâ", protagonizada por un grupo de jóvenes que cuando la situación lo requería se convertían en los "GoRangers". Cada uno de ellos tenía un color asignado: rojo, verde, amarillo, azul y rosa, y casi siempre terminaban sus batallas juntando sus fuerzas para derrotar al villano de la semana. La relación de Ishinomoricon el medio televisivo fue muy productiva, y durante décadas compaginó el binomio manga/serie de TV, creando un listado de series impresionantes. Aunque los creadores originales del tokusatsu (la ciencia ficción japonesa) siempre serán los creadores de Godzilla y Ultraman, probablemente no hay ningún otro autor que pueda compararse a nivel televisivo, ya que Ishinomori se convirtió en un auténtico torbellino creativo que apenas dejaba espacio para otras producciones. La lista de personajes es larga, y aunque nunca tuvieron el impacto de Kamen Rider, los GoRangers o Kikaidâ, muchos de ellos son ya creaciones míticas del tokusatsu: "Henshin Ninja Arashi" (1972), "Robotto Keiji" (1973), "Inazuman" (1973), "Ganbare!! Robocon" (1974), "Akumaizâ" (1975), "Chôjin Bibyûn" (1976), "Kaiketsu Zubat" (1977), "Daitetsujin Wan-Sebun" (1977), entre otras.
El autor había conseguido cautivar a todos los niños japoneses gracias a la televisión y sus mangas, pero como pasó con Sabu to Ichi, Ishinomori también tenía tiempo para dedicarse al manga para adultos. Una de sus obras más citadas y valoradas por críticos e historiadores es "Hotel", que publicó en Big Comic desde 1984 hasta 1998. El manga se centra en explicar las variadas historias de los huéspedes del hotel, dejando como personajes más o menos fijos, pero no demasiado importantes, los trabajadores del mismo. Una forma de contar historias que era fácilmente adaptable a televisión, y así fue, en 1990 empezó su versión televisiva, que se alargó hasta cinco temporadas (1990, 1992, 1994, 1995, 1998).

El 28 de enero de 1998, a sus 60 años, fallece producto de un ataque al corazón, dejando inconclusa Hotel y otra serie de TV en la que trabajaba llamada "Voicelugger". El año 2000 se resucitaría Kamen Rider para celebrar su 30 aniversario.
Se dice que la luz de Osamu Tezuka ha brillado tanto que ha eclipsado prácticamente a cualquier otro autor de manga. Esto quizás sea verdad fuera de las fronteras japonesas, pero no dentro. Ishinomori es el Rey del Manga, un título que no le viene para nada grande, de hecho, se queda corto para describir todos los logros que obtuvo tanto en vida, como después de su muerte. Se dice que sin Tezuka el manga no habría sido lo que es hoy en día, pero sin Ishinomori tampoco. Mientras que uno sentó las bases del manga moderno, el otro lo llevó más lejos. De hecho, estamos convencidos que el atrevimiento en la narrativa visual de Ishinomori pudo incluso influenciar al propio Tezuka en posteriores trabajos. Pero además, el trabajo que hizo Ishinomori en el mundo de los superhéroes japoneses es monumental, creó decenas de ellos para televisión y para el manga, y su impacto es comparable al de Stan Lee en el cómic americano; o incluso más, se puede decir que, en Japón, su contribución se comparable a la de Marvel y DC juntos.